Casi ningún motor se descompone de la noche a la mañana. Antes de apagarse por completo o requerir una grúa, manda advertencias claras que muchas veces pasamos por alto por falta de tiempo:
Un leve temblor al acelerar: Típico de una bobina de encendido dañada que, además de quitarte potencia, puede dañar el convertidor catalítico con gasolina cruda.
Anticongelante que desaparece: Microfugas en mangueras o tomas plásticas que se evaporan con el calor del motor y abren la puerta a un sobrecalentamiento severo.
Manchas de aceite en el motor o el suelo: Sellos endurecidos que ponen en riesgo la lubricación interna y dañan componentes de hule alrededor.
Atender estas tres fallas cuando apenas empiezan marca la diferencia entre un mantenimiento correctivo menor y una cuenta astronómica en el taller.